Ensayo: 

Una filosofía de transustanciación

Sergio Sevilla

No hay más conocimiento real que el del creador,
y dentro de los límites de su poder creador.1

EL POSICIONAMIENTO filosófico de Juan David García Bacca, su insistente propuesta de una filosofía plenamente actual, entendiendo por ello un modo de pensar que esté, no solo a la altura de los tiempos, sino también en condiciones de intervenir eficientemente en la producción de un modo de vida humano, social e individual, se propone, y en buena medida realiza, una nueva filosofía capaz de insertar el progreso de la tecnología en una forma de existencia que le dé sentido. Este complejo temático, más unitario conceptualmente de lo que aparenta su cambiante expresión literaria, se sustenta en una original valoración de ciertas filosofías contemporáneas cuyos elementos trataré de presentar en lo que sigue. Nociones tales como «técnica», «praxis», «antropología», así como nombres propios como Marx, Heidegger, o Whitehead, desempeñan un papel sustantivo en la formulación de la que tal vez sea la filosofía de más alcance que se ha escrito en castellano en el siglo veinte.

Una forma de concretar lo que de ningún modo puede quedar difuso es pensar unas frases que García Bacca sitúa en el epílogo de su monumental Metafísica:

La física actual es, programática y por primera vez en su historia y en la historia, física de transformación –no de sola interpretación matemática o síntesis teórica.

La metafísica, si ha de ponerse –por decisión pluscuamtranscendente, por tanto libérrima–, a ser actual, en proporcionado o cuando menos análogo sentido al de la física actual, tiene que decidirse a dejar de ser metafísica interpretativa, e intentar, con atentados inclusive, transformar el mundo –la metafísica natural, naturalmente estabilizada.

Frente a metafísica de interpretación, fenomenológica o no, metafísica de transformación.2

El compromiso de la metafísica con la física como modelo de saber, y como reflexión sobre su alcance, tiene su modelo clásico en Aristóteles, o en el «giro copernicano» de Kant como pensamiento filosófico de la física de Newton, que pone también la filosofía moral y política en consonancia con la física moderna. La revolución científica producida en la física a comienzos del siglo veinte desplaza nociones fundamentales de nuestra concepción del mundo material, incluido el propio concepto de materia. Mayor impacto tiene, sin embargo, el cambio de función que la causalidad sufre cuando se la reemplaza en el cálculo por una relación probabilística. Se puede seguir a Kant, como hace García Bacca, cuando celebra el «giro copernicano» y el nuevo papel epistemológico de la acción del sujeto como el punto de partida de una posición que seguirá elaborando en su propuesta de un saber transformador, pero no es ya posible aceptar, después de Heisenberg o Planck, que la causalidad sea la categoría central que defina al conocimiento explicativo de toda experiencia teórica. La tercera antinomia kantiana –la imposibilidad de basar en una verdad la decisión entre la causalidad fenoménica y la libertad de la acción humana, entendida como causalidad por acción de la razón– tiene, entre otras consecuencias filosóficas, el haber centrado nuestra concepción de lo racional hasta que la física del siglo veinte ha alterado, en términos de cálculo de probabilidades, la conexión entre fenómenos como un vínculo no necesario sino meramente probable, en un porcentaje inferior al cien por cien, que el cálculo expresa.

García Bacca da un significado mucho más amplio a su modo de entender el kantismo cuando dice: «Como dirá Kant3: el hombre es quien plantea las cuestiones y quien obliga a lo real a que responda»4. A modo de ejemplo, la mutación producida por el planteamiento kantiano nos da a entender el cambio profundo experimentado por la técnica; que no se limita a proporcionar instrumentos para lograr fines, pasando a ofrecer un modelo de la nueva relación del hombre con la realidad: «desde que el hombre se plantó ante la llamada luz, no para que ella le respondiera qué es ella, sino preguntándose ¿cómo puedo yo hacer la luz?, surgieron la luz y el calor eléctricos para estar a nuestra disposición aun cuando no haya sol, para calentarnos y alumbrar»5.

El paso decisivo hacia un saber transformador, físico o metafísico, depende de ese cambio de posición y actitud del hombre ante lo real, mediante el cual el ser humano actúa como maestro y no como discípulo que espera la respuesta de lo real. La posición sujeto-objeto es nueva, pero también es nueva la forma de subjetivación; siendo el sujeto activo maestro, y no discípulo, está dada la condición de posibilidad de su creatividad. Esta transformación del ser humano ante lo real acompaña necesariamente al papel transformador de la ciencia moderna y de la técnica que le corresponde. García Bacca llega a usar como sinónimas las expresiones «hombre inventor» y «hombre trascendental»6. El carácter transformador de lo real que caracteriza a la tecnología conlleva una antropología nueva, la del hombre creador: «el hombre es un manantial de cuestiones originales a las cuales la naturaleza da respuestas no menos originales; es, pues, un principio de razón nueva»7. Esta razón nueva es el objeto de la metafísica transformadora que propugna, pero también de posicionamientos nuevos en filosofía moral y política.

En este punto de su argumentación resulta clave su teoría de la transustanciación, que es la posición en que culmina el diálogo que lleva a cabo con la función asignada por Marx a la praxis y la elaboración que hace Whitehead de la categoría de «creatividad»8. Transustanciar implica una pluralidad de sustancias como posibilidad de transformación de una en otra, lo que tiene sentido en el marco de una concepción aristotélica de la sustancia. En este caso, además, permite cuestionar la habitual contraposición entre lo natural y lo artificial como una distinción estable.

Pero el pluralismo de García Bacca deja atrás la concepción monista de la sustancia, propia de Hegel y de Marx, que explica el surgimiento de la multiplicidad, la novedad y la diferencia como productos de la dialéctica interna de una sustancia única. La producción de lo diferente como dialéctica arrastra el peso de una concepción continuista del tránsito de lo uno a lo múltiple, que no se libera de entender lo real como un proceso necesario que limita sensiblemente el espacio de la libertad al concebirla como conciencia de esa necesidad.

El concepto de creación, tal como lo analiza Whitehead, supone, en cambio, una pluralidad inicial de los elementos que intervienen en el proceso (objetos eternos, entidades concrescentes, etc.) y tiene en cuenta la sustitución de la causalidad por la probabilidad en la física contemporánea. El propio García Bacca lo ha señalado en sus Confesiones9. El proyecto de una filosofía transformadora de la realidad, el vínculo de la acción productiva con la «alienación» que ha de superarse, incluso el ideal de humanizar la naturaleza y naturalizar al hombre, constituyen la contribución de Marx a una filosofía de la transustanciación. Este concepto, en manos de García Bacca, se convierte en un modo de combinar la idea de creación de lo nuevo con el ideal de una filosofía transformadora, sin depender enteramente de la dialéctica de Marx ni de la metafísica de Process & Reality. En suma, es el modo en que García Bacca construye su propio concepto como una realidad dialogante con lo transmitido de una forma enteramente singular. Desde ahí, el «humanismo positivo» se hace posible como horizonte de esa empresa intelectual.

Importa especialmente, para entender la novedad de su estrategia, contraponerla a la propuesta por Heidegger en su analítica del ser-ahí. En Sein und Zeit el existente aparece como el lugar, el ahí, en que se produce la comprensión, lo que le convierte en el interrogado para poder formular la pregunta por el sentido del ser. La propuesta de Heidegger es la de una hermenéutica postdiltheyana. Su planteamiento sustituye al sujeto-conciencia como actividad del conocimiento por ese espacio de la comprensión que es el ser-ahí. Se plantea el problema como una alternativa entre la filosofía del sujeto o la filosofía del existente. García Bacca opone a ese planteamiento alternativo un pluralismo de los modos de subjetivación, en el que ninguno de ellos es más «originario» que otro, y de cada uno deriva una comprensión distinta de lo real; entre las distintas posiciones debemos decidirnos por la que mejor nos corresponda como seres dotados de autonomía. Esa es la elección que conduce a, o aleja de, la propuesta de un «humanismo positivo».

Hay un rasgo digno de reflexión en el texto de la Metafísica citado al comienzo; la metafísica que vayamos a hacer depende de una «decisión» previa entre adoptar una posición hermenéutica, fenomenológica o no, o una posición transformadora. Tres veces usa García Bacca en ese texto el término «decisión» –recuérdese que es un concepto que aparece en momentos «decisivos» del Discurso cartesiano– que llega a afectar a nuestra voluntad de hacer, o no, filosofía actual. Ello significa, a mi modo de ver, que la posición teórica que se adopte no es una consecuencia necesaria ni de la estructura de la conciencia, ni de la historia de su experiencia. No es de modo necesario ni una posición kantiana ni hegeliana porque la conciencia trascendental, o la conciencia de la fenomenología, toman como punto de partida una posición del sujeto ante el mundo que no es la única posible; lo que obliga a tener en cuenta que cada posición subjetiva comporta un modo de acceso al mundo. Entre ellos destaca García Bacca, a título de ejemplo, el posicionamiento propio del cogito cartesiano, de la epoché de Husserl, o del quien de la experiencia mística de los poemas de San Juan de la Cruz.

El encontrarse (sich befinden) no es, como da por supuesto Heidegger, el único modo de acceso al sí mismo de la comprensión y el que da acceso, a través de la angustia, al mundo. El «encontrarse» del ser-ahí es solo uno de los modos de subjetivación supuestos en los distintos productos de nuestra cultura. La opción por él es posible, pero no viene impuesta por ningún tipo de necesidad; se trata de una «decisión». Lo cual no implica arbitrariedad alguna cuando el proceso de deliberación que la hace preferible concede el espacio pertinente a la autonomía del hombre como criterio que han de cumplir los ideales morales y políticos en una sociedad compleja, que no podría existir sin una tecnología avanzada que depende de una ciencia teórica igualmente compleja. La tecnología actual abre posibilidades, antes inimaginables, a la acción humana y, en consecuencia, plantea situaciones hasta este momento inéditas a la acción moral y a la intervención política. Por eso afirma García Bacca que «filosofía actual es filosofía comprometida con la ciencia y técnica actuales»10, y ello porque actual no se es por estar meramente presente hoy en día, puesto que «acto» y, por tanto, «acto de presencia» solo lo realiza una filosofía que hace «presencia real y comprobable ante ciencias actuales, ante técnicas actuales y presencia eficaz de colaboración, de trabajo con ciencias y técnicas actuales –actuales: es decir, activas o eficaces»11.

Todo ello nos conduce al pensamiento que García Bacca desarrolla sobre esa técnica contemporánea, que no podemos entender desde la caracterización filosófica que de la techné hiciera Aristóteles. El cambio de nuestra comprensión de la técnica depende de dos factores: la modificación existente entre las técnicas propias de una sociedad como la griega, y el hecho de que esa modificación es tan profunda que obliga a cuestionar los criterios con que Aristóteles pensó la diferencia entre teoría, praxis y poiesis.

Lo que caracteriza a la técnica anterior al Renacimiento es que la «naturaleza es norma o fin supremo; la técnica es medio para tal fin»12. Ese reparto de funciones adopta en la modernidad la forma de una comprensión del tipo del «imperativo técnico»13, en tanto que estructurado como un imperativo hipotético que propone un objeto o una acción como el instrumento más adecuado para obtener un fin. Los fines, en cambio y por contraste, dependen de un interés inmanente a la acción racional y son incondicionados y, por tanto, independientes de la tecnología. Esta escisión de la razón en esferas que separan el modo de validar los medios del modo de establecer los fines es la que García Bacca intenta evitar en lo posible al convertir la tecnología actual en un modelo del tipo de racionalidad que transforma la realidad y que, caracterizado como tal, solo se opone a las acciones de la racionalidad que se limitan, por propio intento, a intentar interpretarla. Voy a mostrar las características modélicas de la racionalidad tecnológica.

La técnica tiene una historia que ha atravesado distintas configuraciones; la técnica griega y medieval es una «técnica de imitaciones», que complementaba la naturaleza imitándola; en cambio, «lo típico de nuestra técnica, la de nuestros tiempos, es ser técnica de explosivos»14, a la que también se refiere García Bacca como «técnica de desaforada violación de secretos»15. Bajo estas caracterizaciones nos presenta dos rasgos de la nueva racionalidad que resultan críticos para con la teoría de la racionalidad tradicional. El primero es la ruptura con la hipótesis filosófica de un ser extramundano, Dios o demiurgo, que actúe como creador instalado fuera del tiempo. La creación de lo nuevo ha de entenderse de modo inmanente. El segundo rasgo es la comprensión de los entes, no como una articulación de materia y forma que se presenta como «naturaleza» y constituye el modelo al que debe tender la acción humana, así reducida a mímesis. La ontología propia de la técnica ve el universo como materia prima que puede ser configurada por la acción humana: «lo natural, su propia naturaleza incluida, es para el hombre actual simple y bruto material para fines inventados por él, y con finales que él se propone por decisiones inventadas»16.

La racionalidad dividida entre razón de medios y razón de fines queda reconstruida en términos unitarios si los fines de la acción racional son decisiones inventadas por el hombre actual, es decir, si se reformula la teoría de la racionalidad tomando como modelo la tecnología. El modelo lo proporciona la tecnología y no tanto la ciencia que la hace posible porque esta es una actividad explicativa teórica, en tanto aquella es una actividad racional creativa de novedades. La filosofía como teoría de la racionalidad queda reformulada como teoría de la acción racional cuando hablamos del ser humano, que ha de aceptarse a sí mismo como ser histórico sabiendo que «la historia se compone de acaecimientos de novedades»17. Al entender la razón como característica de ciertas formas de acción, incluidas las novedades que, por definición, carecen de explicación racional en forma de razón suficiente, García Bacca señala, a mi modo de ver, más una estrategia, que elude las dificultades conocidas de otras teorías de la razón como instrumento, que una teoría acabada. De hecho, su Elogio de la técnica acepta como limitación de la racionalidad histórica su carácter retrospectivo18.

El proyecto de inventar lo nuevo, sin imitar modelos previos, obliga a repensar la noción de creación como núcleo de la teoría de la racionalidad que se nos propone como forma de evitar que una técnica, unilateralmente concebida y practicada como fabricación de instrumentos, plantee problemas para los que no tiene ni solución ni espacio propio nuestra reflexión filosófica sobre la moral y la política. En este punto resultaría imprescindible revisar el diálogo de García Bacca con Alfred North Whitehead, si tal intento fuera realizable en el breve espacio disponible –la aclaración de la peculiar terminología de Whitehead requeriría, por sí sola, muchas páginas–; limitaré mi comentario a una alusión que pueda conducir al lector estudioso al texto de Process & Reality. Para Whitehead tres elementos intervienen en la formación del mundo temporal: Dios, los objetos eternos y la creatividad. Ninguna de las tres nociones debe entenderse en términos asimilables al significado que puedan tener en filosofías anteriores; Dios no es, por ejemplo, el principio último. La creatividad está presente en el proceso de continuo devenir de lo real. Es una noción última, por su máxima generalidad, y, por ello, no puede ser propiamente definida, «mas la creatividad se encuentra siempre bajo condiciones, y se describe siempre como condicionada»19.

La metafísica de García Bacca toma el concepto de creatividad y lo modifica al asociarlo a la introducción de sentido que hace que el universo, padecido como extraño por el hombre, se convierta en un mundo, habitable para la actividad humana. De este modo, la creatividad deja de ser un concepto ontológico general impersonal para quedar asociado al sujeto humano y su actividad. En virtud de esta transformación la creatividad puede ejercerse como plan y proyecto en la acción de los hombres, individual y socialmente considerados. La ontología desemboca así en una antropología y en la empresa propia del humanismo como tal.

En Tres ejercicios literario-filosóficos de moral García Bacca reflexiona sobre el impacto que la mutación del hombre de creatura en creador produce sobre nuestra concepción de lo moral. No es su pensamiento dado a prescribir normas de conducta pero, en los no muy numerosos textos de moral, deja claro que esta disciplina filosófica queda también afectada por el cambio antropológico profundo producido por la técnica actual. Entre los griegos era inconcebible que la reflexión moral no hubiera culminado en la moral del término medio, que no propone mediocridad ninguna, pero postula como ideal subyacente del hombre «co-medido y mesurado» (metrón). La virtud es siempre una especie de equilibrio, de armonía entre las fuerzas anímicas que entran en tensión al pasar de actuar como un buen zapatero o un buen navegante a generalizar esa bondad al hombre en tanto que hombre. Al dar ese paso, se sientan las condiciones para crear el espacio que, más tarde, denominará «plan de vida», y que no se define tanto por adoptar estos o aquellos valores materiales determinados, sino por la libertad del individuo para configurar la propia vida.

Lo que la técnica contemporánea quiebra en la concepción clásica de lo moral es la posibilidad de establecer criterios para recomendar una única medida, un patrón único de ser humano válido para cualquier «plan de vida» en general. «Inventor de bombas entitativas», el hombre de la técnica contemporánea «ha inventado ‘des-definir’ los elementos básicos del universo que lo son de cada realidad incluida, interna, a él, comenzando por la propia del hombre»20. Esa des-definición que le afecta, lleva al plano conceptual la renuncia a entender al ser humano y su acción en términos de un portador de «esencia», para caracterizarlo como el sujeto de la transustanciación de lo natural. Comprometerse a vivir al nivel de la racionalidad técnica actual le obliga a entenderse a sí mismo como una articulación de sus proyectos en un «plan de vida» que es su auténtica empresa.

Por importante que sea el valor que caracteriza a una virtud, «virtuoso se es libremente; por libertad que no se pierde por la virtud»21. Como corresponde a la antropología del hombre creador defendida, lo que valora sobre todo García Bacca es la libertad con que hacemos frente a lo que nos adviene porque «virtud asegurable, asegurada, degenera en hábito, en rutina, en rito»22. La preferencia de García Bacca por el valor del sujeto que se asume a sí mismo –o «se es», como dice con frecuencia–, sobre el «segundo lugar» al que parece relegar los valores materiales que realiza, está aceptando la existencia legítima de una pluralidad de planes de vida, no conmensurables entre sí, lo que impide la elección de un modelo único de excelencia humana. La preferencia de la libertad y la creatividad como valores, comparativamente formales, de la acción del sujeto significa también un cambio sustantivo del sentido de la filosofía moral que propone como actual.

Esa modificación de la perspectiva desde la cual pensamos lo actual, y renunciamos a apoyarnos en ámbitos esencialmente definidos, afecta decisivamente a la filosofía de la sociedad y la política: «la constitución o surgimiento progresivo y programado de mundo, llamémoslo técnico […] es, a la una –por unión sintética u original– surgimiento y constitución de la persona social, o sociedad de personas. La perfección del mundo es, a la una, perfeccionamiento de la persona»23. Así como lo más singular, el «yo mismo», puede ser dicho con verdad por cualquiera y es, por ello, también lo más universal, la pretensión de unicidad, según García Bacca, vale también para naciones e instituciones particulares; sentirse individuo abierto al mundo de una sola religión no es sostenible puesto que «cada una se pretende absoluta, y cuanto más lo pretende realizar, más muestra que es un ‘nosotros’ –el Nos de la Humanidad»24. También en el ámbito de la sociedad, o en su relación con el estado, el criterio que nos ofrece parece formal, pero, tan pronto como pone ejemplos, se hace visible el impacto que tienen esos criterios sobre escenarios concretos:

Sentirse un individuo máximamente expósito a universo –‘al silencio de los espacios infinitos…’– y máximamente abierto a mundo –abierto al mundo de una sola religión, de un este tipo de física y matemática, de una sola nación o región…– es ser persona de rango inferior al de Nos El Hombre, recreador de cielos y tierra.25

La transformación de la idea de hombre –y de su realidad efectiva– que García Bacca teoriza contiene el abandono de la definición como «animal racional» y el paso a asumir su lugar como creador26 que, en lo que ahora nos ocupa, se concreta en la elaboración de un plan de vida, que le permita construir su singularidad, deponiendo su propio componente natural a la condición de material a partir del cual pueda «hacer del ser siervo del hombre: hacer del ser enser»27.

El ideal de autonomía, propio del creador, hace que el hombre se transforme al no admitir instancias superiores a él, aunque la propuesta de someter a servidumbre al ser apunte a rasgos mucho menos aceptables para pensar el vínculo del hombre con este. En todo caso, la propuesta de entender al hombre como un ser que se define por su plan modifica las formas habituales de entender la relación del sujeto consigo mismo y el vínculo social en términos de libertad y no de sumisión a la autoridad. La posición teórica de García Bacca al elaborar conceptos básicos para una filosofía de lo político resulta, como en el caso de la moral, deliberadamente «formalista». Su posicionamiento se sitúa a una cierta distancia de la teoría sobre partidos políticos, programas, instituciones de poder, etc. En su artículo «Sobre Política» presenta la actitud adecuada del ciudadano como indicada para el creador político con un lema, que hace suyo, de Antístenes el Cínico: «Respecto de la política hay que comportarse como respecto del fuego: no acercarse tanto que uno se queme; no alejarse tanto que se hiele»28.

Como en el caso de la moral, la propia sociedad establece, por su correlación de fuerzas, los valores materiales concretos y las formas de actuación en cada caso pertinentes; la tarea de la filosofía es extraer criterios de aceptabilidad racional de la concepción del hombre pertinente en cada época y, en la nuestra, del hombre como creador a la altura de ciencia y técnica. Desde esa posición, cuya primera tarea consiste en establecer la medida del distanciamiento (no quemarse, sin llegar a helarse), García Bacca formula el designio del hombre creador para el que asume la tarea señalada por Marx: «Humanización del universo –y– universalización del hombre»29. Al hacerlo, asume la idea de una reconciliación de la contradicción históricamente existente entre la naturaleza y el ser humano, que este reproduce al tener que conciliar en sí mismo su primera naturaleza (orgánica) con la segunda (cultural) para armonizar su identidad subjetiva, y que las relaciones de producción que estructuran el vínculo social trasladan a la filosofía de lo social y lo político.

Un desarrollo filosófico de la filosofía política que comentamos habría de llevarnos, como problema teórico central, a la difícil conciliación entre el pensamiento político de Marx y el formalismo de García Bacca; y también a recordar lo dicho al comienzo sobre la difícil conciliación entre el concepto de creación elaborado desde la ontología de Whitehead y la noción de praxis transformadora pensada desde la dialéctica como lógica de la acción. No es, obviamente, este el momento adecuado para extenderse sobre tales cuestiones que, sin embargo, parece importante dejar planteadas a los futuros intérpretes de García Bacca.

Entre los criterios filosóficos, inicialmente ontológicos, que nos dejan sus textos para pensar lo político hemos de contar con la tesis de que las cosas, los enseres, tienen esencia, pero los individuos y las sociedades tienen plan, lo que los obliga a realizar proyectos para ser; eso es lo que da cuenta del marco último de lo político. El modelo realmente existente de ese modo de proceder por plan lo ofrece la técnica contemporánea, siempre que no la entendamos como mero suministro de los mejores «instrumentos», ni como modelo de una «razón instrumental», sino como lugar de entrelazamiento de la acción, singular y colectiva, con los principios ontológicos de la realidad social que nos propone García Bacca: «Técnica es conocer algo según plan inventado por el hombre y a la una o en una hacer ese algo según el dicho plan. Fusión de conocimiento y creación. Obra conjunta de mente y manos. Conocer algo por haberlo hecho y hacerlo por conocerlo»30. La técnica es modelo privilegiado de la racionalidad creadora porque articula un modo de conocer con una comprensión del ser social y con una teoría de la acción. De ese modelo extrae García Bacca la dirección en que ha de ser pensado lo político: «contra ‘esencia y naturaleza’ […] hemos los hombres actuales de intentar, atentando contra lo que sea, inventar ‘Sociedad’ –otra manera, estado y régimen de vida colectiva tan distinta, al menos, diversa y divergente de vida colectiva ‘natural’ como ave lo es de avión; televisor, de ojos…»31. Lo político ha de reunir las condiciones de posibilidad de una sociedad postnatural.


[1] J.D. García Bacca, Ciencia, técnica, historia y filosofía; Qué es sociedad, Barcelona, Anthropos, 2006, p. 84.
[2] J.D. García Bacca, Metafísica natural estabilizada y problemática metafísica espontánea, México, FCE, 1963, p. 516.
[3] García Bacca se refiere al prólogo a la segunda edición de la Crítica de la razón pura.
[4] J.D. García Bacca, Antropología y ciencia contemporáneas, Barcelona, Anthropos, 1983, p. 122.
[5] Ibíd., p. 123.
[6] Afirma, en efecto, que «no emanará jamás de cosa alguna […] principio de razón suficiente de las cuestiones que le interesan al hombre, en cuanto inventor, en cuanto trascendental» (ibíd., p. 125).
[7] Ibíd., p. 126.
[8] Como el excelente estudio de I. Izuzquiza ha señalado, la palabra, nada habitual en la filosofía en castellano, está emparentada a la vez con el comentario del Cardenal Cayetano al De ente et essentia de Tomás de Aquino, y con la noción dialéctica de Aufhebung usada por Hegel y por Marx. Pero, como también subraya Izuzquiza, «la transustanciación solo podrá darse en el nivel de la novedad y de la probabilidad, porque la misma estructura del ser es novedad y probabilidad» (I. Izuzquiza, El proyecto filosófico de Juan David García Bacca, Barcelona, Anthropos, 1984, p. 223).
[9] En ella cuenta el autor el impacto filosófico que le produjo el libro de M. Born, Natural Philosophy of Cause and Chance, de 1949: «Max Born trata de demostrar a lo largo de la obra que Azar, Probabilidad, Cálculo de Probabilidades dominan lo real, sin producir determinismo causal.
Causalidad, determinismo, necesidad son trío adorado de la filosofía natural, física, desde Newton, hasta Einstein inclusive.
‘Probabilidad, vida, libertad’ son el nuevo trío que Born propone en el capítulo final de la obra con el título Metaphysical Conclusions». (J.D. García Bacca, Confesiones: autobiografía íntima y exterior, Barcelona-Caracas, Anthropos-UCV, 2000, pp. 136-137).
[10] J.D. García Bacca, Curso sistemático de filosofía actual, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1969, p. 10.
[11] Ibíd., p. 9.
[12] J.D. García Bacca, Elogio de la técnica, Barcelona, Anthropos, 1987, p. 21.
[13] Es Kant quien habla de «imperativos de la habilidad», a los que también llama imperativos «técnicos», caracterizándolos en los siguientes términos: «Todas las ciencias tienen alguna parte práctica, que consiste en problemas que ponen algún fin como posible para nosotros y en imperativos que dicen cómo pueda conseguirse tal fin. […] No se trata de si el fin es racional y bueno, sino solo de lo que hay que hacer para conseguirlo» (I. Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Madrid, Espasa-Calpe, 1967, p. 63).
[14] J.D. García Bacca, Elogio de la técnica, p. 24.
[15] Ibíd., loc. cit.
[16] Ibíd., loc. cit.
[17] Ibíd., p. 108.
[18] De hecho su modo de limitar el carácter histórico de la razón hace difícil entender el carácter de «proyecto», «plan» o «empresa» que, a la vez, exige de la filosofía transformadora: «“víspera” no es categoría histórica, y […] no puede serlo porque la historia se constituye por novedades, por inventos, por fastos, por acontecimientos. Le falta, y tiene que faltarle, racionalidad prospectiva –cual la tiene, con derecho constitucional propio, la astronomía.
Empero posee la historia, de manera distinguida, racionalidad retrospectiva» (ibíd., p. 109).
[19] Alfred N. Whitehead, Proceso y realidad, Buenos Aires, Losada, 1956, p. 54.
[20] J.D. García Bacca, Tres ejercicios literario-filosóficos de moral, Barcelona, Anthropos, 1984, p. 103.
[21] Ibíd., p. 90.
[22] Ibíd., loc. cit.
[23] J.D. García Bacca, Ciencia, técnica, historia…, p. 68.
[24] Ibíd., p. 71.
[25] Ibíd., loc. cit.
[26] García Bacca deshace el equívoco del término «creación» en estos términos: «Plan no es creación de algo de Nada. El mérito y la gracia del caso no consiste en crear de nada –admitiendo benévolamente que esta frase tenga sentido–, sino crear de un material; transformar el ser; crear de un ser otro» (ibíd., p. 73).
[27] Ibíd., loc. cit.
[28] J.D. García Bacca, Ensayos, Barcelona, Península, 1970, p. 61.
[29] J.D. García Bacca, Curso sistemático…, p. 24.
[30] J.D. García Bacca, Ciencia, técnica, historia…, p. 83.
[31] Ibíd., p. 90.

Sergio Sevilla (Valencia, 1947). Es doctor en filosofía por la Universidad de Valencia. Sus intereses de investigación están centrados actualmente en el pensamiento francés, de la segunda mitad del siglo XX, y su relación con la filosofía de la acción de Hegel.